...Fue más o menos así....


Al llegar a la butaca varios metros lejos del escenario, levanto el rostro y,  confirmo que un mar de gente ha inundado cada piso, cada butaca, cada espacio por minúsculo que fuese dentro de ese centro de espectáculos ubicado en la colonia Chapultepec. 



Y ahí estaban, era enorme, como una parvada migrando hacia el sur, como una cardumen recorriendo el ancho mar. Si, era como un gran bloque de concreto cuidadosamente edificado, integrando a cada una de sus piezas, una a una, para concentrarlas en un mismo lugar, en un mismo tiempo.

Gente venia del metro, lo mismo bajaba de una suburban polarizada, que de un taxi, o del mismo camión que recorre avenida Reforma, algunos lo hacían a pie, apresurados  llegando con sus mejoras galas, sus mejores sonrisas, sus mejores olores y hasta uno que otro estrenando outfit -la ocasión lo ameritaba-, para subir esos enormes escalones que adornan lo que muchos llaman el coloso de reforma.

Al traspasar las rejas, luego de una minuciosa -digamos-  “manoseada” por los elementos de seguridad, quienes -dicho sea de paso- son unos estupendos guías para los perdidos que llegan a los pasillos de este coloso  a disfrutar un evento artístico. 
Leticia, pregunta ¿A dónde vas, qué boletos tienes? menos mal que saben hacer su trabajo, de otro modo, aún seguiría en los pasillos buscando como llegar al asiento -que por cierto barato, no es-. 

Al penetrar esa puerta que sigilosamente vigilan un grupo de féminas, se escuchan las primeras notas, es un bello “sampleo”, de aquella extraordinaria melodía -clásica, y si no la conocen por favor escúchenla- (en otro tiempo “covereada" hasta por M. Manson) "Sweet Dreams", que fue el soundtrack para la llegada hasta mi butaca -vaya honor-. 



Al llegar a la butaca varios metros lejos del escenario, levanto el rostro y,  confirmo que un mar de gente ha inundado cada piso, cada butaca, cada espacio por minúsculo que fuese dentro de ese centro de espectáculos ubicado en la colonia Chapultepec. 

Se escuchan gritos de alegría, gritos de deshago, mujeres, hombres, de todas las edades, de todos los segmentos sociales -por llamarlos de algún modo-, todos con un elemento en común, un gusto por un arte, por un estilo, por una voz, por una mujer veracruzana, que a decir de muchos deja el alma en el escenario. Por unas letras viejas, combinadas con la música de hoy.

Referentes, muchos, que iban desde Eurythmics, pasando por Madonna, Cher y Ryhana, y con influencias en el concepto de cada coreografía y escenarios, de películas  como Avatar, Piratas del Caribe y Games of Thrones, hasta llegar a lo clásico Español, así fue como apareció detrás de un vestido diminuto, sexy, atrevido pero sobre todo proyectando energía y abriendo su propio concierto.



Yuridia Valenzuela Canseco, mejor conocida como Yuri, ella es una popular cantante, actriz y presentadora de televisión que se ha mantenido vigente en el espectáculo durante los 38 años, “lo que uno hace por no estudiar” dice la veracruzana.

Detrás de las cortinas rojas, pesadas pero elegantes (así como el vestido principal que usó al continuar el show), fue como dejó ver cada pantalla, llena de referentes que conectaba con el público de inmediato, y es que al colocar si quiera un elemento, un color o un objeto como un simple espejo,  la gente se volvía loca, explotaba y gritaba hasta desgararse las cuerdas vocales -y no precisamente por cantar-: viene la de "El espejo”, decían.

Acto seguido al primer acorde, a la primera nota, la gente se puso de pie, cantando al mismo tiempo esta canción tan conocida por sus fans y seguidores, y que incluso interrumpió la canción para dejar que ese público excitado cantara, gritara, se desgarrada y llorara tanto como quisiera. O hasta sacar esos sueños frustrados de quienes otrora eran cantantes de regadera.

No es cosa menor, es como cuando en otro escenario, como en la lucha libre la gente va y grita todo lo que desea, como terapia de grupo o simplemente para ejercitar su florido lenguaje. Aquí, en este recinto, en el Auditorio Nacional, la gente, sus fans, vienen a llorarle al novio, a la novia, al ex  o porqué no, al que está en turno, cada letra de sus canciones hablan de situaciones comunes, desamor y alegría, sentimientos al final del día que mueve a una masa. 

Tanto que logró mover a 10 000 almas a gritar juntas y cantar juntas: “…. Fue más o menos así, vino blanco noche viejas canciones y se reía de mi dulce embustera la maldita primavera…” se escuchaba entre ese mar de gente, lagrimas por aquí, dolor por allá, pero al final un sentimiento honesto, verdadero, todos en al mismo unísono, verdadera belleza. Ver desde acá lo que sucede ahí, es extraordinario!

Y recomendable.